

Como psicóloga con experiencia en el ámbito forense y colaboradora en un entorno jurídico, he podido observar que la diferencia entre una prueba pericial que decide un caso y una que es descartada en la primera audiencia no siempre reside en el diagnóstico. Muchas veces, el problema está en la forma en que se aborda y se presenta esa realidad psicológica ante el tribunal.
Cuando un abogado o un cliente nos confía un peritaje, nuestra responsabilidad es blindar esa prueba frente a cualquier cuestionamiento. Sin embargo, en la práctica profesional, existen tropiezos recurrentes que pueden invalidar meses de trabajo. Aquí te detallo los 5 errores más críticos y cómo evitarlos:
Aplicar el "chip" de la consulta clínica (El erro de la confianza)
Este es, quizás, el fallo más difícil de detectar para quienes no tienen formación específica en psicología forense. En la clínica privada, nuestra herramienta principal es la alianza terapéutica: partimos de la base de que el paciente nos dice la verdad porque su objetivo es sanar.
En un contexto judicial, el escenario es radicalmente opuesto. La persona evaluada puede tener una motivación externa (ganar una custodia, evitar una condena o recibir una indemnización) que la lleve a la simulación (inventar síntomas) o a la disimulación (ocultar rasgos negativos). Si como profesionales no aplicamos escalas de validez y tests específicos para detectar estos sesgos, nuestro informe carecerá de la «sospecha técnica» necesaria para ser tomado en serio por un juez.
Olvidar el "puente" entre la psicología y la falta de Ley (Falta de anexo causal)
Un error muy frecuente es entregar informes que parecen un tratado de psicopatología pero que no responden a la pregunta jurídica. Al juez no le basta con saber que una persona tiene un trastorno de ansiedad o un rasgo de personalidad específico; lo que el magistrado necesita entender es cómo eso afecta el objeto del juicio.
Debemos construir un nexo causal claro. Por ejemplo, no es lo mismo decir «el padre presenta rasgos de impulsividad» que explicar «estos rasgos de impulsividad limitan su capacidad para gestionar situaciones de estrés durante el cuidado del menor». Si no explicamos la funcionalidad de la mente en relación con el conflicto legal, el informe se queda en una etiqueta sin utilidad práctica.
Perder la neutralidad y caer en el "sesgo de parte"
Es natural que, al trabajar en un bufete o ser contratados por una de las partes, sintamos la presión de que el informe sea favorable. Sin embargo, el mayor favor que podemos hacerle a un caso es ser implacablemente objetivos.
Si un peritaje psicológico suena a «alegato de defensa», pierde toda su fuerza. Un informe profesional debe mostrar las luces y las sombras. Reconocer una limitación en nuestro evaluado o mencionar un dato que no es ideal, irónicamente, nos da mucha más credibilidad ante el tribunal. La neutralidad científica es, en realidad, nuestra mejor estrategia de persuasión.
Basarse en técnicas desactualizadas o subjetivas
A veces se confunde la experiencia con la intuición. He visto informes basados exclusivamente en pruebas proyectivas (como dibujos o interpretación de láminas) que, aunque son herramientas complementarias valiosas, son muy fáciles de impugnar por la contraparte debido a su subjetividad.
En la actualidad, la psicología forense exige el uso de metodología basada en la evidencia. Esto significa utilizar pruebas psicométricas modernas, con baremos actualizados y altos índices de fiabilidad. El juez necesita datos que se puedan contrastar. Si nuestras conclusiones no tienen un respaldo científico sólido y verificable, la prueba queda vulnerable ante un buen contrainterrogatorio.
Intentar hacer el trabajo del juez(Invasión de funciones)
Como expertos, somos auxiliares de la justicia, no jueces. Un error que puede causar el rechazo de una prueba es el «ultimatismo»: concluir diciendo quién debe ganar el juicio o qué medida legal debe tomarse (por ejemplo, «el acusado es culpable» o «la madre debe tener la custodia total»).
Nuestro papel termina al describir el funcionamiento psicológico, las capacidades y las limitaciones de las personas involucradas. Debemos proporcionar al juez las herramientas técnicas para que él, y solo él, tome la decisión legal. Respetar este límite no solo es ético, sino que proyecta un profesionalismo que refuerza nuestra autoridad en la sala..
Conclusiones de cara a un juicio exitoso
Para que una intervención psicológica sea realmente determinante en un proceso legal, me gustaría destacar tres pilares fundamentales:
- La técnica como escudo: Un protocolo de evaluación robusto, con múltiples fuentes de información (entrevistas, tests, revisión de expedientes), es lo único que garantiza un informe sólido.
- La claridad es poder: El éxito de nuestro trabajo depende de que el juez comprenda conceptos complejos de forma sencilla. Debemos ser traductores de la mente humana al lenguaje jurídico.
- La integridad profesional: Un perito que no se deja llevar por sesgos y que fundamenta cada palabra en la ciencia es un perito cuyo testimonio es casi imposible de derribar.
Presentar una prueba psicológica es un ejercicio de precisión. Evitar estos errores garantiza que nuestra labor no sea solo un trámite, sino una pieza clave para alcanzar una justicia más humana y fundamentada.





